Antes de calzarme las ojotas... algunas reflexiones sobre Clubes TEDEd 2025
- Sol Giannetti

- 28 nov 2025
- 5 Min. de lectura
Todavía no terminó noviembre y yo ya estoy disfrutando del descanso en la playa, del sonido del mar y el olor a sal que se viene. De poder bajar de la cabeza al corazón para sentir esa satisfacción de un 2025 repleto de aprendizajes.
Este año ClubesTEDEd se llevó todos los premios porque fue el espacio donde pude aprender, enseñar, compartir, experimentar y disfrutar. Poner a prueba cosas que sé y también usar herramientas nuevas por primera vez. Estrené rol de coach para otras ciudades del país, además de Chascomús. Y aunque no viajé físicamente al norte ni al sur sí lo hice a través de charlas, meets e intercambio de guiones con profes de Salta, Buenos Aires y Neuquén.

La periodista curiosa que nunca me abandona se hizo miles de preguntas.
Sobre las adolescencias, sobre cómo acompañar, cómo adaptar las estrategias pensando en los ambientes que tanto condicionan quiénes somos y qué cosas nos preocupan. ¡Me fascinó pasar por el cuerpo tanta diversidad de maneras de estar en el mundo, a través del acompañamiento a chicos, chicas y profes de aquí y de allá!
Clubes TEDEd es un proyecto educativo ambicioso, que se piensa a sí mismo desde la complejidad. Muchas dimensiones dialogan, en distintas escalas. Y en esa multidimensionalidad se encuentra la riqueza, de poder aprender haciendo par a par con otros coaches, transfiriendo conocimientos a profes de distintas escuelas -que muchas veces son quienes acompañan a los chicos en la preparación de sus charlas-, sumando herramientas de quienes vienen haciendo esta tarea en TEDxRíodelaPlata desde hace mucho tiempo, conceptualizando nuevos saberes, ajustando los existentes, haciéndonos juntos nuevas preguntas en función de los cambios en el contexto, el uso de nuevas tecnologías como la IA y el protagonismo de las redes sociales, pensando el vínculo y el impacto de clubes en las políticas públicas… una lista infinita.


La emoción que me surge es entusiasmo y agradecimiento por la generosidad humana, por el código abierto, por “mostrar las costuras” de los espacios, procesos, estrategias. Por la invitación genuina a sumar y consolidar la comunidad.
Quiero compartir, antes de ponerme las ojotas y tomar la ruta 2, algo que particularmente me interesó este año, que fue comparar los temas que surgieron en las distintas ciudades con las que interactué. ¿Cuán lejos o cerca está lo que les preocupa a los chicos de una escuela rural de la provincia de Salta, de lo que interesa a chicos y chicas de Ciudad de Neuquén, Buenos Aires o Chascomús? No pude establecer patrones porque fueron una veintena de charlas, pero sí seleccionar algunas de las reflexiones más hermosas que me dejaron los chicos, chicas, profes y compas de clubes TEDEd en este 2025.


Equipo Chascomús, junto a Juli Bertarini, Flor Parra y Sofi Otondo

Docente de Club Gaona, Salta: Luján Chavez
“Desde chico fui de hablar poco, sin apurarme. No porque no tuviera nada que decir, sino porque me gusta observar, estar en lo mío. Mucha gente no entiende que disfrute tanto de mi propia compañía. Ven a alguien callado y enseguida piensan que está triste, pero a veces estar callado es estar en paz, y estar solo es justo lo que necesitamos para ordenarnos un poco por dentro. No tengo apuro por llenar los silencios porque el silencio tiene su forma de hablar... te deja entender sin interrumpir”. Alexander (4° año, Gaona, Salta)
“Para mí crear es mucho más que un pasatiempo. Es mi forma de rebelarme contra la idea de que todo ya está hecho. Me dí cuenta de que cada historia que creo es una forma de entender qué me pasa y qué estoy sintiendo. Crear nos conecta a todos, porque compartimos la misma necesidad humana de dejar una huella”. Dante (2°año, Ciudad de Neuquén)
“Cambiar la manera de mirar al ataque de pánico fue para mi no entenderlo como un enemigo al que derrotar, sino como un mensaje al que escuchar. Una señal y no una amenaza. Porque el ataque de pánico no es una falla del sistema, sino el sistema haciendo su trabajo”. Zoe (4° año, Ciudad de Buenos Aires)

“Me gusta vivir en el campo. Salir a caminar por los senderos de la finca, ver el sol bañando de luz los árboles, se siente tranquilizante escuchar el agua correr por el arroyo y el olor a tierra mojada en temporada de lluvia. La adorable compañía de los animales; despertar con el canto del gallo, con los pajaritos, ver a las vacas comer el pasto verde. Aprendo mucho de ellos, como por ejemplo, a convivir con los de tu misma especie en el mismo hogar o sea el corral. En el campo el tiempo pasa distinto. Las cosas son hasta que se hace de noche. Nos guiamos por el reloj del sol, eso marca el tiempo de cuando comienza y finaliza cada cosa”. Santiago (4° año, Gaona, Salta)
“Idealmente, en la escuela el objetivo es aprender, pero normalmente es aprobar. Y el éxito se mide con un número. Muchas veces nos hacen creer que una buena nota es sinónimo de éxito. A través de un proyecto en el que fallé en el resultado pero no en el proceso entendí que el aprendizaje no se puede medir con un número que indica si aprobaste o reprobaste. Entendí que una “H” hace la diferencia: aprehender (con hache intermedia) es hacer propio lo que aprendemos”.
Mailén (5° año, Ciudad de Neuquén)
“A los 9 años, un día estaba muy contenta con lo que tenía puesto: una remera verde con un perro con casco y un pantalón blanco con rayas azules hasta la rodilla. Pero una de mis mejores amigas de esa época me miró y me dijo, sin filtro: “Qué ridícula! parecés un payaso! Esa experiencia me impactó. Fue la que me llevó a conocer una palabra nueva: “apariencia”. Mi vida dejó de ser solo “esencia” – todo lo que soy – y “estilo” – la forma de expresarlo. De repente, tuve que considerar lo que los demás veían de mí”. Wendy (4° año, Ciudad de Chascomús)

“Cuando hablamos de soñar, pensamos en descansar. Pero en realidad, los sueños nos despiertan. Nos despiertan ideas, miedos, pasiones, verdades. A veces los sueños no vienen a distraernos de la vida, sino a recordarnos quiénes somos realmente. No son una fuga, son una llamada. Si aprendiéramos a escuchar nuestros sueños, en lugar de olvidarlos al despertar ¿podríamos conocernos mejor?”. José (Gaona, Salta)
“Todos tenemos algo a lo que no renunciamos jamás, en mi caso es a dormir la siesta. Mi siesta perfecta es con lluvia, con mis gatas al lado, después de haber hecho lo que tenía que hacer, con la cama tendida. El tema es que muchas veces, acostarme a dormir la siesta representa mi zona de confort y postergo cosas que ya son mi responsabilidad. ¿Les suena? Como cuando salgo al patio y finjo no ver que el pasto está de un 1m de altura o paso por al lado del canasto de la ropa sucia y veo que hay una pila enorme. Y aunque son cosas sencillas es una manera de hablar sobre cómo afronto el futuro. A mi la verdad es que un poco de miedo me da el futuro. Porque si yo me acostumbro a postergar todo, ¿que va a pasar el día, que mis papás no estén ahí para resolverlo? Por eso yo me pregunto muchas veces si el futuro llega o se construye. Y si eso está ligado a crecer y hacernos adultos. ¿Nos hacemos adultos cuando dejamos de postergar? ¿Nos hacemos adultos de golpe, un día, cuando terminamos la universidad?”. Gerónimo (4° año, Ciudad de Chascomús)

“A mi Clubes me deja un gran aprendizaje y noté que para los chicos fue como un antes y un después en sus vidas”. Luján (profe de Gaona, Salta)
Y ahora sí, a caminar por la playa y empezar a soñar un 2026 con más ideas en movimiento.







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